DAVID MATEO
¿Cuántas veces has intentado cambiar y has fracasado? ¿Cuántas rutinas de ejercicio has abandonado? ¿Cuántas dietas has dejado a medias? ¿Cuántos libros de desarrollo personal tienes acumulando polvo? No es tu culpa. El problema no eres tú. Es el método. FRACASAR, ESTA VEZ, NO ES UNA OPCIÓN. Y no porque tú seas distinto de las anteriores. Ni porque, mágicamente, vayas a desarrollar una sobrehumana fuerza de voluntad y una disciplina que, por mucho que llenen posts de Instagram y sirvan de tema para innumerables pódcast sobre crecimiento personal, ya han demostrado no tener nada que hacer contra el increíble talento de nuestro cerebro para sobrevivir y, por tanto, resistirse con toda su energía contra aquello que percibe como una amenaza. Ni los propósitos de año nuevo, ni los mensajitos optimistas repartidos por nuestra casa, ni las zapatillas de ciento ochenta euros que te has comprado en un arranque de optimismo y de «esta vez sí que sí» conseguirán nada si el engranaje que nos ha mantenido vivos como especie durante más de 2